📅 El Libro de Semanas - Pág 4
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LA PALABRA HABLADA 4 una o dos palabras del Señor. 4. Puedo pensar en México cuando estaba haciendo tanto calor, que honestamente yo me coloqué en una pieza con aire acondicionado y traté de abanicarme, así era de caliente. Y ver a esa gente venir allí a las nueve de la mañana en ese gran estadio, y no había sillas para sentarse… gente enferma, muy enfermos, enfermos muriendo (cáncer, tumor), y madres enfermas, bebés muriendo, y todos parados allí en ese sol hirviente, ni una sombra en ningún lugar, y apoyados uno contra el otro desde las nueve de esa mañana hasta las nueve de la noche para oír treinta minutos a través de un intérprete, y ver las obras del Señor. Ellos colocados allí y esperando, con vestidos viejos y pesados que visten en invierno y en verano; es todo lo que ellos tienen. 5. Entonces pienso de éstos tendidos allí en esas junglas, cómo ellos traían a esa gente enferma que aún no podían moverse. Y en la India, cuando los amontonaban, puestos uno encima del otro, uno encima del otro, de esa manera, con la lepra y enfermedades, donde ellos los arrastraban afuera en las calles y los colocaban en ese calor, hirviente sol tropical; y las tormentas, y relámpagos alumbrando y cosas como esas –permanecerían allí en ese sol y tormenta y todo; y no se movían ni se quejaban, para tratar de agarrar una Palabra del Señor de vez en cuando, algo para sus almas. Entonces ¿por qué nos excusaríamos en esta mañana con un techo sobre nuestras cabezas, abanicos funcionando? Deberíamos estar avergonzados si nos quejamos acerca de eso. 6. Así recuerdo no hace mucho en una isla, una de las islas allá afuera en los mares del Sur. Yo estaba teniendo un servicio esa noche, y ¡oh! vino una tormenta. ¡Oh! Yo nunca había visto una tormenta tal, un relámpago de luz detrás de otro alumbraba el lugar, y cómo los vientos soplaban, hasta los árboles eran tirados a tierra. Yo dije: “Bien, ellos están… yo puedo quitarme mi traje, porque no habrá nadie allí”. 7. En pocos momentos el pequeño carro entró en retroceso a la puerta, y alguien tocó la puerta, y “listo para ir”; y dije al muchacho (él podía hablar inglés), yo dije: “¿Habrá alguien allá?”