📜 El Libro de Sellos - Pág 5
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DIOS EN SIMPLICIDAD 5 lugares, pero al entrar por aquella puerta, mantenga silencio. Usted viene para hablar con Él, y para permitir que Él le hable a usted. Él problema se presenta porque nosotros hablamos demasiado, y no nos disponemos para escuchar. Entonces cuando entramos aquí debemos esperar a Dios. 18. Ahora, en el primer tabernáculo (puede ser que no esté ni una sola persona presente hoy, de los que estaban en aquel culto dedicatorio cuando aquellos músicos estaban con nosotros y yo estaba parado aquí detrás del púlpito, sobre el cual teníamos tres cruces, para dedicar el tabernáculo) no se permitía que nadie... Los diáconos estaban parados junto a las puertas para cuidar que nadie estuviera hablando. Cuando uno terminaba de hablar afuera, entonces entraba y si deseaba venía al altar quietamente y oraba en silencio; entonces regresaba a su asiento y abría su Biblia. Lo que hacía su vecino no le importaba nada, porque usted no tenía qué decir. Si alguien deseaba hablarle, usted simplemente le decía: “Nos vemos afuera. Yo estoy aquí para adorar al Señor.” Uno leía la Palabra o se quedaba sentado quietamente. Luego la hermana Gertie Gibbs tocaba el piano, que me parece estaba a este lado, no sé si ella estará aquí hoy. Ella tocaba lentamente el himno: “A Su Nombre gloria” o algún otro himno muy suave y dulce hasta que era el tiempo de empezar el culto. Entonces el director de música se presentaba y dirigía unos dos o tres himnos congregacionales, luego si había un himno especial, pues, lo cantaban. Nunca se permitía tener así mucho ruido y alboroto. Cuando yo oía la música que seguía tocando sin haber nadie cantando, entonces sabía que era tiempo de salir a predicar. Cuando un ministro sale ante una congregación que está orando y está presente la unción del Espíritu, es seguro que se oirá del Cielo, no hay manera de evitarlo; pero si uno sale y halla confusión, entonces uno está tan confundido y el Espíritu de Dios está contristado. Nosotros no queremos eso, no; queremos entrar aquí para adorar. Nosotros tenemos hogares (sobre lo cual quiero hablar en seguida) donde podemos llevar los amigos y tener compañerismo, pero esto aquí es la casa del Señor. 19. Ahora en cuanto a los niños. Los niños pequeños no entienden. La única manera que tienen para recibir lo que necesitan es el llanto; a veces necesitan algo de beber y a veces necesitan atención. Ahora, por la gracia de Dios, hemos dedicado un lugar que hemos llamado “El cuarto del llanto” y es un lugar donde las madres pueden llevar sus pequeños. Ahora, muchas veces ni me estorba el lloro de los niños cuando estoy predicando bajo la unción, pero hay personas sentadas al lado que sí les estorba, y ellos han venido para oír. Entonces, madres, si su pequeño empieza a llorar, desde luego, usted no lo puede evitar, y una verdadera madre desea llevar su niño al culto, esa es la cosa correcta. Ahora tenemos este